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Las consecuencias físicas de dirigir sin método tu empresa o negocio son, entre otras, trabajar más duro de lo que deberías y obtener peores resultados de lo esperado. De ahí al distrés hay un pequeño paso.

Además, trabajar de manera extenuante constantemente puede ser fatal para tu organismo.

Descubre qué consecuencias tiene y cómo evitarlas en este post que Juan Martínez, fisioterapeuta, psiconeuroinmunólogo y CEO del Programa Equilibra ha elaborado para “El Club de las Buenas Prácticas” de Operativo Consulting.

La paradoja de Ponos

En la mitología griega Ponos es el Dios del trabajo duro y extenuante, “como el que necesitan los trabajadores del campo para sobrevivir”, el mismo que en nuestra cultura occidental se nos insta a adoptar para conseguir nuestros objetivos.

No hay duda de que las recetas milagrosas son apuestas arriesgadas. Y que para un determinado resultado, sobre todo cuando se antoja difícil, la fórmula que mayores probabilidades de éxito ofrece implica remangarse y trabajar.

¿Pero, es sólo cuestión de trabajo duro? ¿Y, este esfuerzo se debe pagar a cualquier precio? 

El precio físico del trabajo duro

No olvidemos que una variable determinante en nuestras vidas es que todos los esfuerzos que ponemos en marcha responden única y exclusivamente a un único fin: sentirnos bien, tanto nosotros mismos como, en muchos casos, los “demás”.

La que personalmente llamo la paradoja de Ponos, implica un desajuste entre el trabajo duro, iniciado con el fin de mejorar nuestras circunstancias de vida para ser más felices o hacer felices a otros, y las implicaciones negativas que esto tiene, lo que puede literalmente destrozar nuestra calidad de vida.

El distrés

Cómo fisioterapeuta de profesión, me he pasado muchas horas al día tratando las consecuencias físicas del distrés, el término correcto para la faceta negativa del estrés, ya que éste último no sólo es positivo, sino absolutamente imprescindible para la vida.

El distrés, ese tipo de estrés desadaptativo que sobrepasa nuestra tolerancia, es una de las mayores causas de enfermedad y muerte a nivel mundial.

Consecuencias

Cuando por cualquier circunstancia nos sometemos a él, especialmente de forma crónica, siempre se paga un peaje.

Lo que en principio son respuestas de adaptación, con el tiempo pueden convertirse en causa principal de enfermedad.

Veamos algunos de los efectos del distrés en nuestro cuerpo.

Efectos del distrés en nuestro cuerpo

Dolor muscular

Nuestro organismo casi siempre responde ante cualquier estresor como si le persiguiese un león.

Una reacción de lucha o huida ante un león (también podría paralizarte aunque con otras consecuencias), pretensa tus músculos para poder correr o pelear mejor aumentando su tono basal.

Ese exceso de tono, si la situación no es coherente y tu cuerpo no se mueve cómo un trabajador de oficina, se mantiene contigo y genera una hipoxia muscular que acabará por generarte dolor e indirectamente otras consecuencias, como dolores a distancia por puntos gatillo, migrañas, desajustes posturales y otras consecuencias poco deseables.

Alteraciones digestivas

Un mecanismo bien lógico si nos enfrentamos a un peligro, es detener aquellas funciones fisiológicas que no son imprescindibles, como por ejemplo la digestión.

De esta forma, los jugos gástricos disminuyen y las digestiones se hacen más lentas. Los alimentos, sobre todo los más proteicos y de difícil digestión, se pasan muchas más horas en el estómago lo que hace que segreguemos mayor cantidad final de ácido clorhídrico y los sistemas de protección de la mucosa sean menos eficaces.

El resultado son gastritis o úlceras gástricas o duodenales, que en su mayoría se producen por estrés mantenido.

Además, el resto del intestino también deja de moverse igual que antes y, salvo en las fases agudas en las que “soltamos lastre” vaciando la última parte del colon para pesar menos y correr más, es decir tenemos alguna deposición diarreica, mi intestino se hace perezoso generando estreñimiento.

Los alimentos se digieren y absorben peor… hay mayor cantidad de gases por mayor tiempo de fermentación de las bacterias, y menos nutrientes disponibles, con lo que con el tiempo e indirectamente, las consecuencias pueden ser múltiples y a menudo graves.

En este contexto, la flora intestinal comienza a desregularse (disbiosis) y la barrera de protección intestinal se deteriora, se producen pequeñas inflamaciones y es posible desarrollar lo que llamamos “Síndrome de Intestino Hiperpermeable” que desprotege a nuestro organismo al permitir a sustancias anormalmente grandes atravesarlo y generar múltiples potenciales reacciones inmunes.

Desde ahí a una enfermedad autoinmune, inflamatoria o incluso más grave como un tumor sólo hay un paso. Cabe recordar que el 70% de nuestra inmunidad está en nuestro intestino.

Sistema inmune (SI)

Como hemos dicho el 70% de nuestra inmunidad está en el intestino. Acabamos de mencionar que el estrés puede desregularlo y provocar que se deteriore su barrera de protección. Eso nos hace más propensos a contraer enfermedades infecciosas y también otras no generadas por gérmenes.

Pero por si no fuera poco, el estrés aumenta los niveles de cortisol de forma crónica, hasta que tus suprarrenales digan basta, y está claramente comprobada su acción inmunosupresora.

No en vano, ponernos a pelear contra un germen en medio de la lucha contra un león no parece lo más coherente. En ese momento primero salvamos la vida y después ya se verá.

Y aquí tenemos un foco fundamental de problemas. El SI es fundamental para infinidad de procesos. Pensamos en él especialmente como el ejercito protector frente a los “bichos”, pero es esencial en casi cualquier reacción metabólica del cuerpo.

Nos protege frente al cáncer a diario, identificando y destruyendo a las células que mutan para crecer sin control.

Y también nos regenera frente a todas las agresiones a las que sometemos a nuestro cuerpo en un día normal, a través de una reacción inflamatoria coherente.

Pero si el SI se deprime, la protección frente a lo tumores disminuye y las reacciones inflamatorias son menos eficaces.

Perdemos parcialmente la capacidad de “apagar” la inflamación y a menudo entramos en un estado de Inflamación Crónica de Bajo Grado.

Por si misma se relaciona con casi todas las enfermedades no infecciosas y también con la adecuada reacción frente a las infecciosas, un ejemplo de hiperinflamación lo tenemos en la actualidad en la respuesta de determinados individuos al COVID-19.

Aquí podemos meter también cada uno a su nivel al Alzheimer, la depresión, la diabetes y muchas otras.

Un lío padre vaya…

Sistema cardiovascular

Nos persigue un león… -sí, a ti que estás en la oficina o gestionando tu empresa en este momento te pasan exactamente las mismas cosas que si estuvieses en África escapando- y tu corazón se acelera y tu tensión arterial aumenta.

Normal, te interesa llenar de oxígeno tus músculos para poder correr más tiempo. Si tu corazón bombea más veces y más fuerte y las tuberías (arterias y venas) se estrechan, el resultado es como cuando abres la manguera del jardín a tope y tapas la salida con el dedo: el agua sale con mucha más presión lo que te garantiza que llegue a donde tiene que llegar.

Pero como no, eso también se paga. Mantenido en el tiempo puede llegar a hipertrofiar parte de tu corazón y complicar su trabajo.

Además, en las curvas de tus arterias, la sangre que llega a presión, genera microdaños, con inflamación que no es capaz de repararse completamente porque literalmente es una situación crónica.

¿Qué sucede? El cuerpo intenta ayudarte y lo repara como puede. Usa las plaquetas y el sistema de coagulación para, con ladrillos como el colesterol, formar placas (ateromas).

El inconveniente es que con el tiempo pueden hacer más y más grandes y obstruir completamente un vaso. ¿Consecuencia? Un ictus isquémico en tu corazón o tu cerebro por ejemplo. El área que oxigenaban esos vasos se queda sin oxígeno y si no se resuelve rápido… literalmente se muere.

O quizá no llegue a obstruir el vaso por completo, pero un buen día, esa placa se desestabiliza y se desprende… viaja a través de esa arteria o vena y se para donde ya no cabe… generando una trombosis. ¿Consecuencia? Similar a la anterior en cualquier parte del cuerpo.

Nada deseable.

Envejecimiento

Hemos hablado del cortisol y de la inflamación. Está última va de la mano del estrés oxidativo. Y este es un factor esencial en el envejecimiento.

Con distrés, envejece prematuramente todo, la piel, las articulaciones, los huesos, el cerebro, los músculos… es decir arrugas, artrosis, osteoporosis, demencias, problemas de memoria, sarcopenia…

Vamos… tener 65 años a los 45

¿Alguna vez has visto el efecto del cortisol en el envejecimiento de los salmones? En la última etapa de su vida, cuando suben río arriba para desovar, sus niveles de estrés y cortisol aumentan de forma dramática y el efecto es verdaderamente impactante, literalmente se deforman.

Si quieres una vida larga y con calidad, dale una vuelta a esto.

Sobrepeso y obesidad

Como hemos dicho, reaccionar frente al estrés preparándose para luchar o huir es lo más frecuente. Pero evolutivamente hemos desarrollado algunos otros patrones de respuesta frente a estresores muy comunes.

Y otro de los principales es el hambre.

Un estrés agudo intenso y coherente (nuestro cuerpo se mueve), no deja ninguna secuela, es algo esencial en nuestra adaptación.

Al principio paralizará nuestro tubo digestivo e incluso dejaremos de tener hambre. Podemos reconocer este tipo de reacción en muchas personas que sufren estrés agudo, que incluso les hace perder mucho peso de golpe.

Pero si lo mantenemos en el tiempo, es posible que nuestro cerebro reinterprete la situación, dude de que sea un león el que nos persigue durante tanto tiempo y empiece a pensar que quizá sea otra cosa. Y una de las más comunes y reconocibles es el hambre.

De esta forma, tenemos mucha más hambre de lo habitual y se sensibilizan nuestros circuitos de recompensa en el cerebro. Éstos nos proporcionan placer cuando comemos, sobre todo aquellos alimentos más calóricos o dulces, que en el pasado eran más difíciles de encontrar y podían salvarnos la vida.

Si a esto le sumas la aportación de la ingeniería alimentaria a la hora de diseñar productos que estimulan selectivamente estos circuitos a través de potenciadores del sabor y otros estrategias de lo más hábil, ya tienes el lío montado.

Acabarás comiendo más de lo que necesitas, subiendo de peso y a través de otros mecanismos, desencadenando todos los efectos secundarios de la inflamación crónica de bajo grado.

Este tipo de inflamación es un mecanismo universal de enfermedad y uno de los factores por los que, sea cuál que sea la que padezcas, el distrés cuando menos la empeora.

El distrés psicológico es uno de los factores más olvidados y peor abordados cuando se maneja el control del sobrepeso y la obesidad.

Alteraciones del sueño

En situaciones de estrés la mente no descasa, con lo que no permitimos a nuestra conciencia “apagarse” para conciliar el sueño.

Y con un sueño desarreglado, nuestras hormonas también se desajustan, siendo un gran origen de enfermedad, también de mayor cantidad de hambre y peores decisiones con respecto a la comida.

Te lo voy a resumir en una frase que condensa las conclusiones de infinidad de estudios sobre la materia: cuanto más corto es tu sueño, más corta será tu vida. Y yo añado que… muy probablemente de peor calidad.

Estos son sólo algunos de los efectos nocivos del distrés. Como ves algo que no deberíamos tomarnos a la ligera.

Ponle freno

Replantéate seriamente cuál es el objetivo primario de tu trabajo y piensa si realmente merece la pena no disponer de una buena organización que te permita no caer en el trabajo duro.

Hipotecar tiempo y esfuerzo para conseguir determinadas metas puede ser una muy buena decisión, pero todo sin equilibrio, sin método, sin organización se convierte en un problema.

Hacer más eficientes tu espacio de trabajo y tu tiempo, a la vez que aumentas tu productividad puede ser una de las medidas más inteligentes en tu vida laboral.

Replantear tus objetivos e invertir en tu cuidado personal te acercará al bienestar.

Invoca al dios Ponos cuando corresponda, pero no permitas que domine tu cabeza. Todos queremos mejorar nuestras circunstancias de vida, y eliminar “problemas” que limitan nuestro bienestar pero, ¿y si los esfuerzos por conseguirlo se convierten en el problema?


Este post ha sido elaborado por Juan Martínez, fisioterapeuta, psiconeuroinmunólogo y CEO del Programa Equilibra. Descubre más sobre Juan Martínez en: Juan Martínez / Terapias y Técnicas

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