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Sin estrategia no hay futuro. Por eso, pensar estratégicamente es una condición fundamental para alcanzar el éxito.

Los recursos son fundamentales para cualquier actividad empresarial: edificios, utensilios, máquinas, etc.

Pero lo que realmente lleva al éxito de una empresa o negocio es el pensamiento estratégico, los conocimientos y las habilidades de las personas que dirigís y formáis parte de tu empresa.

El pensamiento estratégico es el recurso clave. No cuesta dinero pero no hay dinero para pagarlo.

Tu negocio puede destacar entre tu competencia si tú puedes pensar estratégicamente mejor que tus competidores.

La gestión estratégica tiene la capacidad de cambiar, transformar e innovar los negocios para que sean más competitivos y rentables.

La gestión operativa

La gestión operativa es la que se ocupa de los problemas del “día a día”: un cliente no te paga, un proveedor no te sirve a tiempo, surge un conflicto entre tu equipo, etc.

Es un enfoque a muy corto plazo y tiene un carácter introvertido porque sólo se ocupa de mirar dentro de la empresa, se ocupa de lo que pasa puertas adentro.

En la gestión operativa los problemas vienen solos y esperan que los resolvamos. Por tanto, requiere de una acción reactiva. Surge un problema e intento darle respuesta.

La gestión operativa requiere de datos cuantitativos y exactos.

La gestión estratégica

La gestión estratégica se ocupa de que la empresa siga siendo competitiva en el futuro. Es la que posibilita que el negocio se adapte al entorno mejor que la competencia.

Es un enfoque a medio y largo plazo y tiene un carácter extrovertido porque se ocupa de conectar todo lo que pasa en el exterior de la empresa con su interior. Necesita una visión global.

Por ejemplo, decidir qué productos o servicios vamos a producir y comercializar en el futuro necesita de una gestión estratégica, pero también operativa porque debemos asegurar cómo venderlo o cómo financiarlo.

Así es como empiezas a pensar estratégicamente.

La gestión estratégica mira fundamentalmente al exterior, al entorno, porque es en el exterior donde están los clientes, al igual que los competidores.

Los clientes suelen cambiar sus necesidades y es la estrategia la que debe estar vigilante a esos cambios e incluso anticiparse a ellos para darles respuesta.

Tu estrategia será buena si es mejor que la de tus competidores, si se adapta mejor al entorno y, sobre todo, a los clientes potenciales.

Para diseñar tu estrategia también tienes que analizar otras cosas que ocurren en el entorno donde operas, como los cambios políticos, sociales, legales o económicos.

No se puede adivinar el futuro, cómo evolucionará el entorno. Pero sí se pueden diseñar posibles escenarios e ir adaptando nuestra estrategia en función de los acontecimientos.

Por eso, la gestión estratégica es proactiva porque es la empresa la que debe adelantarse al futuro y prepararse para ello.

No consiste en pensar qué decisión voy a tomar mañana, sino qué decisiones tengo que tomar hoy para conseguir lo que quiero mañana

Así es como se construye el futuro, con decisiones del presente.

La estrategia

En resumen, la estrategia es la manera en que la empresa consigue su ventaja competitiva.

Todos somos mejor que nuestra competencia en algo, en el ámbito o entorno de actuación de cada uno.

Existen, básicamente, tres formas de obtener una ventaja competitiva: 1) Estrategia de diferenciación, 2) Estrategia de costes y 3) Estrategia de especialización.

Estrategia de diferenciación

La ventaja competitiva de una empresa o negocio consiste en conseguir tener una característica mejor que su competencia y que esto sea percibido y valorado por el cliente.

Existen muchas maneras de diferenciarse, aunque las más habituales son: calidad, innovación, diseño, tecnología o conocimientos, servicio, canal e imagen de marca.

Si una empresa es mejor que las demás, pero esto no es percibido por sus clientes, no logrará diferenciarse y tampoco obtendrá una ventaja competitiva.

Por eso es muy importante el marketing y la comunicación. De ahí que haya que vender por valor y no por precio en este tipo de estrategias.

También podría ocurrir que una empresa sea percibida como la mejor en su ámbito de actuación, gracias a su buen marketing y comunicación, pero no serlo en la práctica. Conseguiría más clientes, pero le constaría mantenerlos.

Estrategia de liderazgo en costes

Aquí el precio bajo nunca es la ventaja competitiva. Primero hay que alcanzar la ventaja en costes y después fijar los precios.

Cualquier empresa puede bajar sus precios, sin embargo sólo la que es líder en costes puede mantener precios bajos a largo plazo.

Los costes bajos se pueden conseguir por diversos mecanismos: Por factores estructurales, por la manera en que se ejecutan los procesos o por causas externas.

Estrategia de especialización o nicho

Esta estrategia va dirigida a un nicho específico de un determinado sector, no a todo el sector.

Puede ser un nicho geográfico o de necesidades concretas. Es decir, la empresa que se especializa se dirige solamente a una parte muy concreta del sector.

Práctica

¿Cuál dirías que es tu ventaja competitiva? Reflexiona sobre ello.

Consejo: Debes comenzar a pensar estratégicamente para, a partir del análisis de tu ventaja competitiva, trabajar en una combinación de diferentes estrategias.

Para conocer claramente cuál es tu ventaja competitiva, debes llevar a cabo un análisis estratégico de tu empresa o negocio.

Esto lo puedes hacer con un simple DAFO y luego establecer las estrategias a seguir con un DAFO estratégico.

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